El Estado deberá indemnizar a los motoristas heridos con quitamiedos

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El Tribunal Supremo ha confirmado que el Estado tiene que pagar una indemnización de 120.000 euros a un motorista de Málaga que sufrió la amputación de su pierna izquierda al chocar contra el guardarraíl de la carretera N-340 en septiembre de 1999.

Esta trascendente sentencia, emitida hace quince días, es la primera que reconoce la responsabilidad patrimonial de la Administración General del Estado en este tipo de accidentes y creará jurisprudencia. El Tribunal Supremo ha confirmado así la sentencia inicial emitida en 2005 por la Audiencia Nacional.

El Supremo reconoce de esta forma una de las reivindicaciones del colectivo de motoristas: la percepción de indemnizaciones por daños causados por los quitamiedos. En 2008 fallecieron en España 306 motoristas y según las asociaciones del sector casi la mitad de los siniestros se debieron al choque contra estas vallas que bordean carreteras y autopistas y que actúan como cuchillas. El propio Gobierno central ha reconocido su peligrosidad hace tiempo y en 2007 anunciaba que sustituiría 1.500 kilómetros de guardarraíles.

Los hechos que han dado lugar a esta resolución judicial tuvieron lugar el 19 de septiembre de 1999, cuando el denunciante circulaba por la carretera Nacional 340 conduciendo una motocicleta Ducati Supersport 750 junto a otros compañeros, en viaje de regreso de Málaga desde Valencia, a donde se habían desplazado el fin de semana para ver las carreras que se disputaban en el circuito Ricardo Tormo.

El motorista que presentó la demanda relató en el juicio que en un determinado punto de la carretera se encontró con un charco de agua y su moto hizo aquaplaning y se desestabilizó hasta caer al suelo. El conductor salió despedido por el asfalto y terminó chocando contra una de las vigas de sujeción del quitamiedos o bionda, que le seccionó la pierna izquierda por encima de la rodilla y le causó desgarros en la pierna derecha, además de erosiones y traumatismos.

El herido denunció que el charco de agua no estaba señalizado y las vigas de sujeción de los guardarraíles no estaban protegidas con elementos blandos que no le habrían amputado su pierna.

El abogado del Estado defendió que la Guardia Civil en el atestado constató que el accidente del motorista se debió a una velocidad inadecuada por lo que alegó que no hubo relación entre el estado de la carretera y el daño producido. Agregó que la vía estaba en correcto estado y había buena visibilidad por lo que el siniestro sólo fue culpa del accidentado.

El Supremo dio la razón al abogado del Estado en que la causa del accidente fue la velocidad inadecuada y por eso redujo la indemnización: el motorista pidió 440.000 euros; la indemnización por pérdida de una pierna en una persona joven está valorada en 240.000 euros y los magistrados le otorgaron la mitad, 120.000 euros, al repartir las culpas entre el recurrente y el Estado.

El Alto Tribunal, no obstante, sí confirmó totalmente la responsabilidad de la Administración central en la amputación de la pierna porque esta lesión concreta no fue causa directa del accidente y la velocidad inadecuada sino de la existencia del quitamiedos. Recalca que si la valla fuese de otro tipo las lesiones habrían sido diferentes.

Los magistrados subrayan además en la sentencia que el Estado tenía previsto sustituir las biondas de esa carretera y de otras de España por otras que no fuesen cortantes en fecha posterior al accidente, por lo que “era ya consciente de que dichas biondas constituían un elemento de riesgo especialmente para los motoristas”.

La Generalitat deberá indemnizar con 79.524 euros a un motorista por chocar contra un quitamiedos

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El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha condenado a la Generalitat a indemnizar con 79.524 euros a un motorista epiléptico que acabó incapacitado por colisionar con un quitamiedos. El accidente ocurrió en la carretera N-260 a su paso por Besalú (Girona).

En su sentencia, la sala de lo contencioso administrativo del TSJC estima el recurso presentado por el motorista y condena al Departamento de Territorio a pagarle la indemnización que solicitaba, al considerar probado que las secuelas que arrastra son consecuencia del guardarraíl con el que chocó.

El motorista sufrió el accidente de tráfico el 19 de marzo de 2010, cuando conducía su ciclomotor por la carretera N-260 y, en una línea recta inmediatamente posterior a una curva, perdió el control del vehículo, debido a una crisis de ausencia que sufrió por la epilepsia que padece. El conductor acabó colisionando con una valla metálica tipo bionda y salió proyectado contra uno de los postes que sobresalía del guardarraíl, para acabar despeñándose por un terraplén de 3 metros y medio de altura.

La causa del siniestro, según el juez

A consecuencia del accidente, el motorista sufrió graves lesiones en las extremidades y el cráneo que le dejaron diversas secuelas, por las que el Instituto Nacional de la Seguridad Social le declaró en 2011 en situación de incapacidad permanente total para su oficio habitual de albañil y jardinero. La sentencia atribuye al motorista un 80 % de la responsabilidad en el accidente, pero admite que si no hubiera existido el poste contra el que colisionó -un tipo de vallas que la Generalitat se comprometió a suprimir en 2004-, “los daños habrían sido menores”.

El tribunal concluye en su sentencia que la causa de la caída, la epilepsia que sufre el motorista, “no es relevante” a la hora de valorar si debe ser indemnizado y apunta que habría que analizar si la administración sanitaria “ha comunicado o ejercido labor alguna de control” y si había advertido al demandante de que su patología “tenía repercusiones sobre la conducción”.

Un motorista de Sariego recibirá 243.682 euros al quedar mutilado por un quitamiedos

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Después de años de lucha en los juzgados, el saregano René Berros Rodríguez ha conseguido que se reconozca la responsabilidad del Ministerio de Fomento -al menos en parte- en el accidente que le costó la pérdida de un brazo y una pierna en el 2004, una mutilación que se produjo tras chocar su cuerpo contra un quitamiedos en la autovía que une Oviedo y Villaviciosa (A-64). La Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha estimado parcialmente su recurso contra una sentencia anterior de la Audiencia Nacional -que no tuvo en cuenta las reclamaciones del asturiano- y ha resuelto que Fomento deberá indemnizar a René Berros con 243.682 euros más los intereses de demora que correspondan. «Por lo menos han tenido
un poco de humanidad», señaló ayer el asturiano.
El Supremo deja claro en la sentencia que las causas «prioritarias» del accidente no fueron otras que el «exceso de velocidad» y «la falta de adaptación de la conducción a las circunstancias de la vía» -el día de los hechos estaba lloviendo y la calzada estaba mojada-, pero reconoce que la existencia de biondas en el margen de la carretera provocó que se agravasen las lesiones, «aun cuando la caída se produjese por una conducción negligente sólo a él imputable». El Supremo sostiene: «De no haber existido esos postes de sujeción -los polémicos quitamiedos con base en forma de «T»- el cuerpo habría continuado deslizándose por el arcén o habría impactado contra ellos sin seccionarle dos extremidades».
El Supremo no considera que el quitamiedos fuese ilegal -algo que reclamaban los representantes legales del asturiano-, pero subraya que «la responsabilidad de la Administración por los daños causados surge lo mismo cuando éstos son consecuencia del funcionamiento anormal de los servicios públicos que cuando son consecuencia de su normal funcionamiento». La sentencia añade: «Lo relevante no es que existieran normas que instaran a la Administración a sustituir las biondas, lo importante es que esas biondas estaban allí y que el accidentado fue a golpear contra ellas agravándose sus lesiones. En consecuencia, esas lesiones son, al menos en parte, responsabilidad de la Administración». No obstante, el motorista asturiano, que inicialmente pedía una
indemnización de 487.365 euros, tendrá que conformarse con la mitad al considerar el Supremo que existe «una concurrencia de culpas del recurrente y la Administración».
El accidente de René Berros tuvo lugar el 19 de septiembre de 2004, sobre las nueve y media de la mañana, a la altura del punto kilométrico 27 de la A-64, cuando el asturiano regresaba a su domicilio de Sariego desde Oviedo con su Honda 650. «No me acuerdo de nada, ni del día del accidente ni de los veinte anteriores porque estuve más de un mes en coma», señaló Berros, que ahora tiene 34 años y vive en Vitoria junto a su pareja y su hijo.
Los informes técnicos -fijándose en los metros que recorrió su cuerpo tras el impacto- ponen de manifiesto que circulaba a una velocidad de entre 115 y 123 kilómetros por hora por una zona limitada a menos velocidad y firme mojado, pero él tiene serias dudas. «Llevo montando en moto desde los 10 años y nunca me ha gustado correr, y menos en mojado, por eso me extraña», señaló el saregano, que añadió: «Después me dijeron que por esa zona pasan animales, o sea, que igual se me cruzó alguno, pero no puedo recordarlo».
A René Barros le falta todo el brazo izquierdo -desde la axila- y casi toda la pierna del mismo lado -sólo tiene 15 centímetros de fémur-, entre otras muchas secuelas, pero no ha perdido su afición por las motos. «Eso se lleva dentro; nada más que pueda tener otra moto, la tendré. Ahora mismo no tengo equilibrio, pero existen motos de tres ruedas», señaló el asturiano, que reconoce que ya se ha montado en el quad con el que aparece en la fotografía que acompaña este texto en los últimos meses. Incluso fue más allá: «Si mi hijo quiere montar en moto cuando sea mayor -ahora tiene mes y medio-, yo trataré de comprarle una, eso está claro».
Eso sí, René Barros tampoco olvida que a consecuencia de ese accidente estuvo al borde de la muerte y recuerda que le debe la vida a unas personas a las que todavía no ha podido agradecérselo. «Sé que cuando tuve el accidente se paró un coche en el que iban dos médicos que viajaban en dirección al aeropuerto para coger un avión. Ellos fueron los que lograron contener las hemorragias y los que consiguieron que llegara vivo al hospital, pero no sé quiénes son y no he podido darles las gracias». René Barros confía en que la sentencia del Tribunal Supremo a su favor «sirva para acabar con el problema de los quitamiedos, que está causando auténticos estragos entre los motoristas y ya han acabado con muchas vidas»

Sentencia contra la Generalitat por el accidente de un motorista contra un guardarraíl

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La Generalitat deberá indemnizar a un motorista que se accidentó en la GI-682 en Tossa de Mar (Selva) en abril del 2000. La víctima, Juan Miguel Pizarro, impactó contra el guardarraíl situado en el margen de la vía y quedó parapléjico. Según ha explicado el abogado que le representa, Sebastián Martínez Farriols, la sentencia del Tribunal Supremo que condena a la Direcció General de Carreteres crea jurisprudencia porque es la segunda de este tipo en España que responsabiliza a la Administración de no eliminar de la red viaria estos peligrosos soportes. La primera condenó al Ministerio de Fomento.
Juan Miguel Pizarro se ha mostrado muy satisfecho por la sentencia, que obliga a la Generalitat a pagar 319.000 euros a la víctima, y ha invitado al colectivo de motoristas a reclamar en el caso de que choquen contra estos barrotes del margen de la vía, conocidos popularmente como quitamiedos. Junto a Pizarro y su letrado estaban algunas de las figuras del motociclismo catalán como Isidre Esteve, Nani Roma, Xevi Puigdemont y Miki Arpa.
Los profesionales Roma y Esteve han coincidido en que en ocasiones se criminaliza al colectivo porque se considera que circulan de forma imprudente, algo que han rechazado porque consideran que es una generalización sin fundamento. Lo que sí han insistido ambos en que cada vez que se construye una nueva carretera debería estar terminantemente prohibido colocar guardarraíles en
forma de T porque provocan graves lesiones y amputaciones en los motoristas.
El motorista que ahora será indemnizado ha asegurado que el día que se cayó con la moto circulaba a poca velocidad. “Había salido a pasear, llevaba solo la chaqueta, ni tan solo me había
puesto los pantalones o las botas”, ha recordado.

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